Dawn y Fairy son, con diferencia, los dos lavavajillas más recomendados por la comunidad burbujera internacional, y no es casualidad: ambos son detergentes concentrados con alto contenido de tensoactivo aniónico, el ingrediente que de verdad baja la tensión superficial del agua y permite que se forme una película. Dawn (marca de EE. UU., Procter & Gamble) combina lauril sulfato sódico y laureth sulfato sódico; Fairy (la misma empresa, pero formulada para Europa) usa una mezcla de alquil poliglucósido y lauril sulfato sódico. En la práctica ambos funcionan por el mismo mecanismo.
La diferencia real está en la concentración, no en la marca. Dawn Pro llega a ser más del doble de potente que un Dawn "simple" o diluido, y dentro de la familia Fairy la concentración de tensioactivo aniónico varía según el país: en algunos mercados es 15-30%, en otros 5-15%. Eso significa que un Fairy comprado en Reino Unido puede rendir distinto que uno comprado en otro país europeo, igual que un Dawn "Ultra" no es lo mismo que un Dawn básico. La dilución de la botella que tienes en la mano pesa más que el logo.
¿Cuál elegir?
Si vives en EE. UU. o Latinoamérica, Dawn (idealmente una versión concentrada) es la opción con más historial y más fácil de encontrar; es el detergente de referencia en casi todas las recetas publicadas. Si vives en Europa, Fairy es la alternativa lógica y funciona igual de bien siempre que sea una versión concentrada, no una "suave" o con menos tensioactivo. La regla práctica: no persigas la marca, persigue la concentración — busca la versión "concentrada" o "ultra" de cualquiera de las dos, evita las que dicen "piel sensible" o "suave" (suelen llevar menos tensioactivo activo), y ajusta la proporción con tu simulador de KUANTIKA según la humedad de tu zona antes de salir a probar.