Para la mayoría de jabones concentrados (como los de lavavajillas tipo Dawn), la proporción que mejor funciona es entre 40 y 65 ml de jabón por cada litro de agua, lo que equivale a una dilución de aproximadamente 15:1 a 25:1. Con menos jabón que eso, no hay suficiente tensoactivo para bajar la tensión superficial y formar una película estable; con demasiado, la mezcla se vuelve espesa y pegajosa, y las burbujas salen más pequeñas porque el exceso de moléculas de jabón compite consigo mismo en la superficie en vez de organizarse en una capa ordenada.
Este rango no es un número mágico universal: depende de la concentración real del jabón que uses (una marca "professional" o ultra-concentrada rinde distinto que un lavavajillas diluido), de la humedad del día y de si buscas burbujas gigantes, estables o resistentes. Por eso conviene pensarlo en dilución más que en "cucharadas": empieza cerca del 20:1, prueba, y sube o baja el jabón en pasos pequeños según cómo se comporte la película.
La forma más rápida de encontrar tu punto exacto sin desperdiciar jabón es probar valores en el simulador de KUANTIKA, que te muestra en vivo qué nota saca tu mezcla en gigantes, estables y resistentes según cuánto jabón, agua y polímero pongas.