Una burbuja de jabón está hecha, en esencia, de agua atrapada entre dos capas de jabón: una estructura de tres capas tipo "sándwich" (jabón-agua-jabón) que encierra una esfera de aire. El agua sola no puede formar burbujas porque su tensión superficial es demasiado alta y la película se rompe casi al instante; el tensoactivo (el jabón) es el que hace posible que esa película exista más de una fracción de segundo.
Cada molécula de jabón es anfifílica: tiene una "cabeza" que ama el agua y una "cola" que la rechaza. Por eso, en cuanto el jabón toca la superficie del agua, las moléculas se acomodan solas con la cabeza hacia adentro (hacia el agua) y la cola hacia afuera (hacia el aire), formando una monocapa a cada lado de la lámina de agua. Esta disposición reduce muchísimo la tensión superficial y le da a la película cierta elasticidad: si se estira o adelgaza en algún punto, fluye más jabón hacia ahí para reforzarla (el llamado efecto Marangoni), lo que explica por qué una buena mezcla se "autorrepara" un poco antes de reventar.
En una mezcla real para burbujas gigantes se añade además un polímero como la goma guar, que no cambia la química de las capas de jabón pero sí espesa el agua atrapada en medio, haciendo la película mucho más elástica y resistente al viento. Puedes ver el efecto de cada ingrediente probando tu propia proporción en el simulador de KUANTIKA.