El agua pura tiene una tensión superficial de unos 72-73 mN/m a temperatura ambiente (72.8 mN/m a 20 °C, ~72.0 mN/m a 25 °C), uno de los valores más altos entre los líquidos comunes, solo superado por el mercurio. Esto se debe a los puentes de hidrógeno: cada molécula de agua se une fuertemente a sus vecinas, y las moléculas de la superficie —que tienen menos vecinas que "tirar" de ellas— generan esa "piel" elástica que permite, por ejemplo, que un clip metálico flote sobre el agua.
Por qué el agua sola no hace burbujas
Para que una película líquida sobreviva como burbuja necesita ser lo bastante elástica como para autorrepararse cuando se estira (efecto Marangoni-Gibbs) y lo bastante delgada sin romperse al instante. Con 72 mN/m, el agua pura simplemente no lo logra: cualquier película se adelgaza y avienta por la fuerza de la propia tensión antes de poder estabilizarse; de ahí que un aro mojado solo con agua nunca produzca una burbuja real, apenas una gota que cae.
La solución es el tensoactivo (jabón): sus moléculas anfifílicas se alojan en la superficie y bajan la tensión a un rango de 20-30 mN/m, permitiendo que la película delgada exista el tiempo suficiente. En el motor de KUANTIKA este valor de referencia (72 mN/m) es el punto de partida contra el que se mide cuánto "trabaja" cada fórmula para bajarlo con jabón, polímero y humedad. Ver también tensión interfacial aire-agua y cómo baja el jabón la tensión superficial.