Tocar una pompa sin romperla parece magia, pero es pura física de superficies. Una pompa es una fina película de jabón con agua atrapada entre dos capas de tensioactivo. Cuando esa película toca algo seco, el objeto absorbe agua por capilaridad, la película se adelgaza de golpe en ese punto y revienta. Si el objeto está mojado con la misma solución, en cambio, la película lo acepta como si fuera parte de sí misma.
Materiales
- Cubo con solución jabonosa (la misma con la que hiciste la pompa).
- Guantes de látex o, mejor, las manos limpias y muy húmedas.
- Una pompa ya formada de tamaño mediano, de 15 a 25 cm.
Paso a paso
1. Moja ambas manos en la solución hasta la muñeca antes de tocar ninguna pompa. No basta con las yemas: cualquier zona seca actúa como alfiler. 2. Acerca la palma abierta y húmeda a la pompa por debajo, nunca pinchándola desde arriba. 3. Deja que la pompa descanse sobre la palma en vez de agarrarla; no cierres los dedos. 4. Desplaza la mano despacio hacia la otra mano o hacia otra persona, con la palma siempre horizontal. 5. La segunda mano también debe estar completamente mojada antes del contacto. 6. Transfiere el peso de la pompa poco a poco: un golpe o una inclinación brusca la rompe al instante.
El secreto
El truco está en que la pompa aterrice sobre la mano, no en que la mano la persiga. Así no hay fricción seca en ningún punto y la película conserva su continuidad. Cuanto más húmeda esté la solución y mayor la humedad relativa del ambiente, más lenta será la evaporación y más margen tendrás.
Errores a evitar
No toques la pompa con dedos secos ni con la punta de los dedos: esa zona pequeña se seca antes que el resto y perfora la pared. Evita también corrientes de aire, que aceleran la evaporación de la película y reducen tu ventana de manipulación.
Una solución con polímero da películas más elásticas y duraderas, lo que facilita mucho estos juegos de contacto. La glicerina, pese a su fama, tiene un efecto menor: no esperes milagros de ella.