La evaporación es, junto con el drenaje, uno de los dos procesos que adelgazan una película de jabón hasta romperla. Mientras el drenaje mueve agua hacia abajo por gravedad y capilaridad, la evaporación es una fuga distinta: moléculas de agua escapan directamente hacia el aire desde las dos caras de la película. En condiciones normales, cuando la película todavía es gruesa, el drenaje domina el adelgazamiento; pero según un estudio publicado en Langmuir, cuando el espesor cae por debajo de unos pocos cientos de nanómetros, la evaporación pasa a ser el mecanismo dominante y la ruptura ocurre precisamente cuando el adelgazamiento por evaporación iguala al de drenaje.
Esto explica por qué la humedad relativa del aire importa tanto para las burbujas gigantes: en aire seco, el gradiente de vapor de agua entre la película y el ambiente es mayor, así que el agua escapa más rápido y la burbuja avanza antes hacia el espesor crítico de ruptura. En aire húmedo ese gradiente es menor, la evaporación se frena y la burbuja resiste más tiempo. Un trabajo reciente sobre películas verticales gigantes (arXiv, 2024) confirma que la vida útil de la película depende directamente de la humedad relativa y de sus propias dimensiones. La glicerina añadida a algunas fórmulas actúa aquí: es higroscópica y retiene agua en la película, retrasando la evaporación —aunque su efecto real es más modesto de lo que sugiere el mito popular.
Por qué conviene medirla, no solo intuirla
Como la evaporación depende del clima del día (humedad, temperatura, viento que renueva el aire junto a la película), no hay una fórmula única "a prueba de todo clima". El simulador de KUANTIKA pide la humedad relativa del momento precisamente para ajustar la predicción de estabilidad a esas condiciones reales, en vez de dar un número genérico.