Una burbuja de jabón flota porque, al soplarla, el aire que queda atrapado dentro suele estar un poco más caliente y con más vapor de agua que el aire de alrededor —tu aliento, o la mezcla tibia, se lo aportan—. El aire caliente y húmedo es menos denso que el aire frío y seco, así que la burbuja completa (película de jabón + gas interior) pesa un poquito menos que el volumen de aire que desplaza. Ese desequilibrio genera un empuje hacia arriba, el mismo principio de Arquímedes que hace flotar un globo de aire caliente, solo que a escala minúscula y por muy poco tiempo.
Aquí viene la parte honesta: ese empuje es tan pequeño que, en aire perfectamente quieto, una burbuja soplada con aliento normal en realidad desciende lentamente en cuanto el aire de dentro se enfría y se iguala con el exterior —en segundos—. Lo que vemos "flotar" casi siempre es la burbuja dejándose llevar por corrientes de aire y brisas suaves, no un vuelo sostenido por sí misma. Cuanto más grande y ligera es la película (buena tensión superficial reducida por el tensoactivo, sin exceso de polímero que la vuelva pesada), más tiempo se mantiene suspendida antes de que la gravedad y el roce con el aire la hagan caer o reventar.
Si quieres ver cómo el grosor de la mezcla y la proporción de ingredientes afectan cuánto "vuela" tu burbuja antes de caer, pruébalo en el simulador de KUANTIKA ajustando el objetivo a burbujas gigantes o de larga duración.