No, no hace falta glicerina para hacer burbujas. Es un mito heredado de recetas de principios del siglo XX, cuando los jabones eran distintos a los detergentes actuales. El mito de la glicerina persiste porque "suena científico", pero en jabones modernos como el Dawn su efecto real es marginal.
Lo que sí es indispensable es un buen tensoactivo (el jabón) y, para burbujas gigantes o resistentes, un polímero como la goma guar o el J-Lube: son los que dan elasticidad a la película y permiten cerrar la burbuja sin que se rompa. La glicerina, cuando se añade, retiene un poco de agua dentro de la película y retrasa la evaporación, lo que puede alargar unos minutos la vida de burbujas pequeñas en interiores — pero en cantidades altas vuelve la mezcla pesada y pegajosa, y empeora el resultado.
En la práctica, las fórmulas más efectivas priorizan tensoactivo + polímero bien calibrados. Puedes probar distintas combinaciones, con y sin glicerina, en el simulador de KUANTIKA y comparar el puntaje real según tu objetivo.