El bicarbonato de sodio, usado solo, ayuda muy poco a una mezcla de burbujas. Su fama viene de una confusión: lo que de verdad mejora el rendimiento no es el bicarbonato en sí, sino la reacción controlada entre el bicarbonato y un ácido suave como el ácido cítrico. Esa combinación libera CO₂ y forma ácido carbónico, que baja ligeramente el pH de la mezcla hacia un rango donde el tensoactivo trabaja mejor: se necesita menos jabón para el mismo efecto, las burbujas cierran con más facilidad y duran un poco más.
Por eso, si echas bicarbonato a tu mezcla sin nada de acidez que reaccione con él, básicamente solo estás añadiendo una sal disuelta: no pasa gran cosa. El bicarbonato es alcalino, así que en exceso y sin contrapeso puede incluso desviar el pH lejos del punto óptimo, en vez de acercarlo. Como el agua absorbe poco CO₂, es difícil pasarse de ácido usando esta pareja, pero sí es fácil desperdiciar bicarbonato usándolo mal.
Si quieres afinar el pH de tu fórmula de forma medible en vez de por intuición, prueba tus combinaciones en el simulador de KUANTIKA: ahí puedes ver cómo cambia la nota de tu mezcla al ajustar tensoactivo, humedad y aditivos como este.