El lauril sulfato de sodio (SLS, sodium lauryl sulfate) es uno de los tensoactivos más comunes: es el que hace espuma en muchos champús, pastas de dientes y lavavajillas. Es un tensoactivo aniónico, es decir, su cabeza tiene carga negativa.
Qué le hace a la burbuja
Como toda molécula anfifílica, el SLS coloca su cola hidrófoba hacia el aire y su cabeza hidrófila hacia el agua, formando una monocapa en cada cara de la película. Eso baja la tensión superficial y permite que la película se estire mucho: es la base de que exista una burbuja. El SLS es muy eficaz bajando la tensión y forma mucha espuma.
Sin embargo, para burbujas gigantes lo que importa no es solo bajar la tensión, sino la viscoelasticidad de la superficie: cómo responde la película al estirarse rápido. Aquí el SLS puro tiene una limitación: baja la tensión con eficacia, pero su película no es especialmente elástica por sí sola. Por eso rara vez se usa como tensoactivo único para gigantes.
SLS frente a SLES
El laureth sulfato de sodio (SLES) es el SLS con una cadena de óxido de etileno añadida. Esa modificación lo hace más suave con la piel y suele dar películas algo más tolerantes y estables, razón por la que muchos lavavajillas de calidad (y el Dawn) lo llevan. Si compras tensoactivo suelto, para burbujas suele rendir mejor el SLES que el SLS puro.
Cómo usarlo
- Si usas SLS en polvo o líquido puro, apunta a una concentración de tensoactivo equivalente a la de un buen jabón: del orden de decenas de ml (o unos pocos gramos si es polvo) por litro. Ajusta con tu cuaderno.
- Combínalo con un polímero (guar, PEO o HEC) que aporte la elasticidad que al SLS le falta.
- El exceso de tensoactivo genera espuma y no mejora la burbuja; hay un punto óptimo.
Precauciones
El SLS irrita ojos y piel a concentraciones altas; usa guantes al manejar el polvo y evita el contacto con los ojos. No es lo ideal para manos infantiles sin diluir bien.