El jabón de Castilla es un jabón verdadero elaborado por saponificación de aceites vegetales (tradicionalmente oliva). A diferencia de los lavavajillas modernos —que son tensoactivos sintéticos como el SLES—, el jabón de Castilla es una sal de ácidos grasos. Esa diferencia química explica por qué, siendo un producto excelente para lavar, suele rendir mal para burbujas gigantes.
El problema del agua dura
Los jabones verdaderos reaccionan con los iones de calcio y magnesio del agua dura formando "jabón de cal", un precipitado insoluble. Esa reacción consume el jabón y ensucia la película, restándole capacidad para bajar la tensión superficial de forma estable. Los tensoactivos sintéticos del Dawn o el Fairy no tienen este problema y por eso son mucho más fiables. Con jabón de Castilla, el uso de agua destilada es casi obligatorio, y aun así el resultado suele ser modesto.
Película frágil
La estabilidad de una burbuja gigante depende de la viscoelasticidad de la superficie y de frenar la evaporación. Los jabones de ácidos grasos dan películas menos tolerantes y suelen necesitar sí o sí un polímero que aporte elasticidad. Incluso así, muchos burbujólogos reportan que el salto de calidad al cambiar Castilla por un lavavajillas de SLES es enorme.
Cuándo tiene sentido
- Cuando la prioridad es un producto natural/biodegradable y basta con burbujas pequeñas para juego.
- Siempre con agua destilada y, si acaso, un quelante como el ácido cítrico para atrapar la cal.
- Emparejado con guar o HEC para dar algo de cuerpo a la película.
Cómo usarlo
Si aun así quieres probarlo, parte de una concentración de jabón baja (el jabón de Castilla líquido es concentrado y hace mucha espuma) y sube poco a poco anotando en tu cuaderno. Deja reposar para que baje la espuma.
Precauciones
Es suave y de baja toxicidad, buena opción para niños; su punto débil es el rendimiento, no la seguridad.