La etiqueta de un lavatrastes dice más de lo que parece. Lo primero que hay que mirar es la lista de tensioactivos (o "agente(s) tensioactivo(s) aniónico(s)" en el envase): cuanto más arriba aparezcan y más alto sea el porcentaje declarado, más concentrado está el jabón. Según el Soap Bubble Wiki, muchos lavatrastes comerciales declaran un rango de 5%-30% de tensioactivo aniónico; si el que compraste está en la parte baja de ese rango (5%-15%), hay que usar casi el doble de cantidad que con un lavatrastes de referencia tipo Dawn Pro o Fairy Platinum para lograr el mismo efecto en la mezcla.
Busca en la etiqueta ingredientes como lauril sulfato sódico o laureth sulfato sódico: son los tensoactivos que realmente bajan la tensión superficial del agua y permiten que se forme la película. Evita versiones "ultra concentradas para piel sensible" o "eco" con baja carga de tensioactivo: rinden bonito en el fregadero pero, diluidas al azar, no arman una monocapa lo bastante fuerte para burbujas grandes. En el detergente de lavavajillas automático no sirve igual: contiene enzimas y agentes anti-espuma, justo lo contrario de lo que se necesita.
La regla práctica del súper
Si el envase no da porcentajes, fíjate en el orden de ingredientes (los primeros son los más abundantes) y prueba con la proporción base antes de escalar un lote grande. El simulador de KUANTIKA te deja cargar tu jabón real y ver, con el motor científico, si esa concentración alcanza para gigantes, estables o resistentes antes de gastar toda la botella.