Los colores de una pompa no son pigmento: son luz. Nacen de la interferencia de película delgada, el mismo fenómeno que colorea una mancha de aceite sobre un charco. La luz que rebota en la cara externa de la pared interfiere con la que rebota en la cara interna, y según el grosor exacto de la película se refuerzan o se cancelan unos colores u otros. Estos colores viven en la luz reflejada: destacan mucho más con una buena fuente de luz iluminando la película desde tu lado y un fondo oscuro detrás de la burbuja.
Para qué sirve
Para leer el grosor de la pared sin instrumentos. Como la película se adelgaza por gravedad y evaporación, sus colores van cambiando en tiempo real: es un manómetro visual de lo que le queda de vida a la burbuja. Con un poco de práctica aprendes a anticipar la rotura: cuando los colores se apagan por arriba, quedan segundos. Es una de las mejores puertas de entrada a la óptica para curiosos de cualquier edad.
Materiales
- Un aro de alambre o una pajita para hacer burbujas.
- Mezcla básica.
- Una ventana soleada o una lámpara de escritorio.
Paso a paso
Colócate de espaldas a la fuente de luz, con el aro frente a ti. Moja el aro y observa la película estática que se forma dentro: verás colores sin necesidad de soplar. Inclina el aro un poco para que la gravedad arrastre la película hacia abajo. Fíjate en cómo cambian los colores según la parte de arriba se hace más fina. Sopla una pompa y mira cómo los colores giran mientras flota, arrastrados por las corrientes internas del líquido que baja por las paredes.
El secreto
Si en la zona superior de la película aparece el negro (la pared negra), esa parte tiene menos de unos 100 nanómetros de grosor: la película es tan delgada que ya no puede producir color y está a un paso de romperse. Es la ciencia más asombrosa cabiendo dentro de una pompa. Ver aparecer ese negro es la mejor señal de que estás observando una película real adelgazándose, no un simple reflejo.
Errores que evitar
No mires nunca directamente al sol para ver la burbuja. Como los colores son reflejos, rinden más con la luz a un lado o detrás de ti y un fondo oscuro tras la película; si trabajas junto a una ventana, que el sol jamás quede en tu campo de visión directo. Para observar con lámpara, cualquier bombilla de escritorio sirve sin riesgo. Y evita las corrientes de aire: mueven la película y hacen que los colores bailen tan rápido que cuesta seguirlos.