Sí, se pueden congelar. Con temperaturas de -4 °C o más frías (y resultados espectaculares por debajo de -25 °C), la película de jabón se comporta casi como una gotita de agua: se enfría, forma cristales de hielo que avanzan por la superficie y, si la burbuja aguanta ese proceso, queda un cascarón sólido y translúcido en vez de una esfera líquida.
La razón está en la estructura de la película: son dos capas de tensoactivo con una capa de agua atrapada en medio. Esa agua se congela antes que el resto porque tiene menos sales y jabón disueltos en el punto donde empieza el frente de hielo. Al congelarse libera calor latente, que calienta ligeramente el líquido vecino y lo empuja hacia arriba por la burbuja — por eso el hielo sube formando esos patrones de plumas y estrellas tan fotogénicos. El problema es que, al avanzar el hielo, se agrietan microfisuras en el cascarón; el aire de dentro se escapa por ahí y la presión cae de golpe, así que la burbuja termina implosionando en segundos, no explotando hacia afuera como una burbuja normal.
Para intentarlo en casa necesitas más polímero del habitual (para que la película aguante más tiempo antes de que el hielo la rompa) y mucha paciencia con el clima: hace falta frío de verdad, no solo un día fresco. Puedes preparar y ajustar tu receta con el simulador de KUANTIKA antes de salir a probar.