Para espesar el líquido de burbujas se añade un polímero, no más jabón: el jabón baja la tensión superficial pero apenas aporta viscosidad, así que echarle más solo hace más espuma y burbujas chicas. El polímero más accesible es la goma guar, entre 0.5 y 3 g por litro de agua cuando ya llevas jabón diluido (proporciones típicas 25:1 agua:jabón); si buscas el máximo estiramiento, opciones como HEC o J-Lube espesan aún más con menos cantidad.
El truco no es solo cuánto polvo usas, sino cómo lo hidratas: si lo echas directo al agua fría se hacen grumos que nunca terminan de espesar bien. Separa una parte del agua (100-250 ml), caliéntala casi a hervir y viértela de golpe sobre el polvo mientras agitas fuerte; luego mezcla con el resto y deja reposar. La viscosidad sigue subiendo varias horas después, así que una mezcla recién hecha parece más floja de lo que será al día siguiente.
Si notas la mezcla babosa en vez de elástica, casi siempre es exceso de polímero mal disuelto, no falta de jabón. Para no ir a ciegas con las proporciones, prueba el simulador de KUANTIKA: te muestra en tiempo real cómo cambia la nota de tu fórmula al mover el polímero, el jabón y la humedad.