La "cal" es el nombre común para el calcio (y a menudo también el magnesio) disuelto en el agua de grifo. No se ve ni tiene sabor fuerte en la mayoría de los casos, pero cambia por completo cómo se comporta el jabón: el tensioactivo (el jabón que baja la tensión superficial) reacciona con esos iones y forma sales insolubles —la "espuma de jabón" gris que deja anillo en la bañera— en vez de quedarse disuelto y disponible para estirar la película. Ese jabón "gastado" ya no sirve para hacer burbujas: primero tiene que saturarse toda la cal antes de que aparezca lather de verdad.
Cómo detectarla y neutralizarla antes de mezclar
La señal más simple es indirecta: si tu agua es dura (mucha cal disuelta), notarás que hace falta más jabón del habitual para que aparezca espuma abundante, o que se forman grumos blanquecinos al mezclar. Muchas compañías de agua publican la dureza en su web; también existen tiras reactivas económicas de acuario o pecera que miden dureza total en ppm o grados. Por encima de unos 120-150 ppm de carbonato de calcio ya se considera agua dura para uso doméstico.
La solución más práctica no es "quitar" la cal con calor (hervir solo precipita los carbonatos, no todo el calcio), sino secuestrarla químicamente con un quelante como EDTA, o alternativamente con ácido cítrico en pequeñas dosis, que atrapan los iones de calcio y los sacan de la ecuación antes de que toquen el jabón. La alternativa más simple para tandas pequeñas sigue siendo partir de agua destilada o desmineralizada, que llega sin cal desde el origen. En el simulador de KUANTIKA, la dureza del agua es uno de los factores que el motor científico tiene en cuenta al puntuar una mezcla, precisamente porque afecta cuánto tensioactivo "útil" queda disponible.