Arte

Las burbujas en el cine y la publicidad: de Millais a Méliès

18/06/2026
En 1886, un cuadro de pompas de jabón se convirtió en el primer anuncio publicitario basado en arte. En 1906, Méliès ya transformaba burbujas en mujeres ante la cámara.

El anuncio que escandalizó al mundo del arte

En 1886, el pintor prerrafaelita Sir John Everett Millais terminó un cuadro que representaba a su nieto de cinco años, William Milbourne James, absorto en el acto de soplar pompas de jabón. El título original era *A Child's World*, pero el cuadro pasaría a la historia con otro nombre: *Bubbles*. La pintura conectaba con la tradición holandesa del siglo XVII de las *vanitas*, imágenes que usaban objetos frágiles —velas, flores, pompas— para evocar la transitoriedad de la vida.

Lo que nadie esperaba era lo que ocurriría después. Thomas J. Barratt, director gerente de la jabonería A&F Pears, compró los derechos del cuadro por 2.200 libras esterlinas, obtuvo el permiso de Millais para añadir una pastilla de jabón Pears en la composición y lanzó el anuncio. Fue, según los historiadores de la publicidad, la primera vez que una obra de arte de alta cultura era apropiada con fines comerciales. Millais fue atacado duramente por la crítica; la novelista Marie Corelli le escribió: «Considero todos los carteles de Pears como calumnias graves tanto de su obra como de usted». Aun así, el anuncio fue un éxito masivo y sentó las bases del *product placement* artístico moderno.

Y hay un giro irónico adicional: ese mismo cuadro de Pears Soap inspiraría décadas después el apodo del joven Billy Murray en una escuela de Londres, que a su vez llevaría al himno de burbujas del West Ham United. La cadena de consecuencias de una sola pompa de jabón pintada al óleo.

Méliès convierte burbujas en magia cinematográfica

Sólo veinte años después de que Millais terminara su cuadro, las burbujas de jabón ya habían llegado al cine. En 1906, Georges Méliès rodó el cortometraje *Les Bulles de savon animées* («Pompas de jabón animadas»), producido por su Star Film Company. En él, un mago sopla pompas a través de una pajita y los esferas no estallan: se transforman en rostros de mujeres que flotan en el aire antes de convertirse en figuras de alas de mariposa. Al final, el propio mago se enrolla sobre sí mismo y se convierte en una burbuja gigante que sube lentamente fuera de cuadro.

Méliès usó empalmes de sustitución, exposiciones múltiples y trucos de escenario para conseguir los efectos. Pero la elección de la pompa de jabón no era casual: en la estética de los primeros años del cine, la burbuja era el objeto fantástico por excelencia. Contenía un mundo, reflejaba colores y podía desaparecer en un instante. Era, en sí misma, un efecto especial natural.

La burbuja como portal: de Oz al cine contemporáneo

La burbuja como vehículo mágico alcanzó su icono más reconocible en 1939, cuando en *El Mago de Oz* Glinda, la Bruja Buena del Norte, apareció por primera vez descendiendo a Munchkinland dentro de una esfera luminosa y rosada. La imagen fijó para siempre la asociación entre burbujas y lo maravilloso en el imaginario cinematográfico occidental, una asociación que el musical *Wicked* de 2024 revisitó con Ariana Grande recreando la misma llegada en pompa gigante.

Ver para creer

La próxima vez que veas una pompa de jabón, estás ante un objeto con más historia cultural de la que aparenta: fue vanitas holandesa, fue escándalo publicitario victoriano, fue truco de cine mudo y fue portal mágico al país de Oz. En KUANTIKA.IO intentamos entender su física. Pero su poder simbólico lleva siglos construyéndose solo.

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