Cuando un chorro de agua sale de un grifo, no cae como un cilindro perfecto: enseguida se le forman ondulaciones que crecen hasta partirlo en gotas. Ese comportamiento lo describió el físico belga Joseph Plateau en el siglo XIX y lo formalizó matemáticamente Lord Rayleigh en 1878: cualquier perturbación con una longitud de onda mayor que la circunferencia del cilindro de líquido crece de forma espontánea, porque romper la columna en esferas separadas reduce el área superficial total para el mismo volumen. Como la tensión superficial siempre "quiere" minimizar esa área, el sistema evoluciona hacia las gotas casi por decreto físico.
En burbujas gigantes este mismo mecanismo aparece cuando una columna o filamento delgado de película jabonosa se adelgaza demasiado —por ejemplo al cerrar el aro muy rápido, con poco tensoactivo o con una mezcla poco viscosa—: en vez de formar una sola burbuja limpia, el filamento se fragmenta en varias burbujas hijas más pequeñas antes de separarse del aro. Es una de las razones físicas, junto al adelgazamiento del black film, detrás de por qué la burbuja "se divide" en lugar de salir entera.
Cómo evitarla en la práctica
Aumentar la viscosidad extensional con un buen polímero (guar, HEC, J-Lube) retarda el crecimiento de estas ondulaciones porque el líquido opone más resistencia a estirarse y adelgazarse, dando tiempo a que la burbuja se cierre sobre sí misma antes de fragmentarse. El simulador de KUANTIKA pondera justamente esa viscosidad extensional al puntuar mezclas para el objetivo "gigantes", precisamente porque una fórmula floja frente a esta inestabilidad tiende a salir en pedazos en vez de en una sola burbuja grande.